sábado, 24 de septiembre de 2016

¿Qué es la transaccionalidad en el autismo y cómo afecta a los y las docentes y a otros profesionales?

La publicación de hoy está dedicada a uno de los conceptos que, en mi opinión, es de vital importancia comprender y tener en cuenta por todas aquellas personas que educamos a niños y niñas con TEA, como manera de potenciar una relación positiva: la transaccionalidad.

"El autismo se reconoce, en parte, por la forma en que nos hace sentir cuando interactuamos con una persona que tiene autismo. Afecta al desarrollo del niño, por supuesto, pero también tiene efectos sobre padres, madres, educadores, cuidadores, hermanos y hermanas, compañeros de clase y, en general, sobre cualquiera que se relacione con el niño" . 

Estas palabras de Rita Jordan (si quieres saber más sobre la publicación en la que se recogen pincha aquí) son una manera muy gráfica de conceptualizar la transaccionalidad, que yo la definiría como "el efecto del autismo sobre las personas". Efecto que, además de en el propio individuo con TEA, se manifesta en todas aquellas personas que convivimos con él o con ella.

Aunque el efecto principal se genera, además de en la propia persona, en su familia (por ejemplo el posible duelo inicial y sensación de pérdida, preocupación sobre el futuro y dependencia, culpabilización por parte de ciertos sectores del entorno, sensación de desconcierto debido a que las estrategias de crianza "normalizadas" pueden no funcionar en una persona con autismo, falta de información adecuada por parte de ciertos profesionales etc.) (Jordan, 2012), me parece interesante abordarlo desde el prisma del profesorado, ya que parto del convencimiento de que la comprensión de este concepto, facilita la educación y convivencia con las personas con TEA, máxime en aquellos profesores y profesoras que se enfrentan por primera vez a la educación de una persona con autismo.

Vamos a abordar quizás los dos efectos más comunes en el profesorado:

Uno de ellos es la preocupación y la sensación de no saber hacer las cosas, si sus habilidades profesionales, sobre todo si han sido desarrolladas a lo largo de muchos años de práctica satisfactoria, parecen no funcionar con el niño o niña con autismo (Jordan, 2012). Como consecuencia, los y las profesionales pueden considerar demasiado difícil trabajar con alumnado con TEA o no considerarlo lo suficientemente gratificante, sin pararse a pensar que lo que guía ese razonamiento es la situación ansiógena que su presencia les supone (cuestión comprensible, por otra parte, si no se tiene experiencia en el trabajo con este alumnado o ante determinadas reacciones del mismo) más que en el beneficio del alumno o alumna. Lo importante, por tanto, es reflexionar porqué una persona que se dedica a la enseñanza llega a este punto, para intentar cambiar las condiciones (espaciales, temporales, en forma de apoyos etc.) que producen esta situación y su forma de pensar respecto a ella.

En muchas ocasiones, el profesorado (al igual que le sucede a las familias) no está preparado inicialmente para recibir a un niño o niña con autismo. También necesita ayuda y formación para comprender que sus habilidades profesionales pueden ser suficientes para educarles y que necesitan adaptarlas para enfrentarse a este nuevo reto.

Un ejemplo: en ocasiones, las relaciones de los y las "profes" con el alumnado con autismo se construyen, como muchas otras cosas en el TEA, "de atrás hacia adelante", es decir, es difícil intentar relacionarse con una persona con autismo que no sabe lo que pretendes: no suele funcionar. Has de demostrarle primero para qué sirves (enseñándole a hacer algo que de verdad le interese), y de esa manera compartirá información y disfrutará de tu presencia (te convertirás en una "persona de referencia" para él o ella). Dicho de otra forma, lo que el resto del alumnado aprende "implícitamente" porque está innatamente preparado para su desarrollo social, al alumnado con TEA debemos mostrárselo "explícitamente" ya que tiene un estilo cognitivo y una forma diferente de aprender.

La segunda situación clave es el efecto transaccional en la relación entre la personas con autismo y el profesorado en relación con las conductas problemáticas, que en ocasiones, si no se tiene clara esta noción de transaccionalidad, puede llevar a una relación negativa que llegaría a convertirse en un círculo vicioso.

La persona con autismo puede sentirse molesta y confusa más que consoladas por la proximidad  por determinadas respuestas sociales, que funcionarían con el resto del alumnado. Por ejemplo, lo que se hace como un gesto de afecto o consuelo puede no ser percibido como tal (Atwoood y cols. 1988), puede experimentarse como algo que añada confusión en el mejor de los casos, o como una intrusión o agresión en el peor reaccionado la persona con TEA con angustia y pánico, que a su vez puede ser interpretado por los y las docentes como una agresión (Jordan, 2012).  

Un ejemplo de la vida real: un niño tiene una conducta disruptiva porque no ha entendido una actividad y el o la docente, en vez de permitir un tiempo de latencia para que se calme, con buena voluntad le intenta tranquilizar con un gran número de instrucciones verbales que consiguen a su vez, que el niño se altere más porque son confusas y no las entiende.

A la vez el autismo también tiene un efecto sobre las personas que educan a la persona con TEA, ya que, incluso en el caso de que a nivel teórico comprendan dicha condición a nivel teórico, y más si no la comprenden, las reacciones de la persona con TEA les parecerán de rechazo e incluso de agresión, lo que les llevará a sentirse impotentes y enfadadas, llevando en ocasiones a un sentimiento de desmoralización e incapacidad profesional (Jordan, 2012)

En resumen, es muy importante tener siempre en cuenta que el autismo afecta a la persona y a su entorno cercano (y por lo tanto a los y las docentes) y que ese efecto, en ocasiones, genera reacciones que, aunque comprensibles, si somos conscientes de ellas, será mucho más fácil corregirlas y evitarlas.






sábado, 17 de septiembre de 2016

"Trastornos del espectro autista: detección, diagnóstico e intervención temprana"

Trastornos del espectro autista: detección, diagnóstico e intervención temprana
Francisco Alcantud Marín (Coordinador)
Editorial: Pirámide
Año: 2013

Este libro coordinado por el catedrático de Psicología Evolutiva y Educación de la Universidad de Valencia, Francisco Alcantud, cuenta con colaboraciones de primer nivel en lo referente al estudio e intervención en relación con el autismo, desde diferentes ámbitos como el psicológico, neurológico, psiquiátrico, educativo etc. como son las de Josep Artigas Pallarés, Ricardo Canal, Laura Escribano, Joaquín Fuentes Biggi o Juan Martos.

Se trata de un libro ideal para las personas interesadas en profundizar en los conocimientos sobre el autismo desde diferentes prismas, no solamente en lo referente a un ámbito concreto. En algunos capítulos, el lector o lectora probablemente necesite cierto dominio previo de la materia desarrollada (genética, psicología etc.). 

Se recogen cuestiones como:

*El concepto de autismo, la evolución del mismo y las teorías psicológicas más importantes que lo explican.

*Sus bases biológicas.

*El diagnóstico precoz y los sistemas de cribado,  la evolución y diagnóstico, el diagnóstico diferencial entre el TEL y el TEA y el desarrollo temprano desde una perspectiva neuroevolutiva.

*Modelos y programas de intervención precoz, la intervención temprana en familias con hijos e hijas con TEA, y la intervención en comunicación y lenguaje. 

*El abordaje de las conductas desafiantes.

*Las herramientas tecnológicas en la intervención psicoeducativa en niños y niñas con TEA.

Un libro de obligada lectura si queremos ir un poco más allá en nuestros conocimientos sobre el autismo y mantenerlos actualizados.  





sábado, 10 de septiembre de 2016

El tramposo con el as de diamantes: las vacaciones, Georges de la Tour y la Teoría de la mente.

Tras el periodo vacacional, vuelvo con el blog a contaros una nueva historia relacionada con el mundo del autismo y que esta vez tiene como protagonista a Georges de la Tour (1593-1652), pintor barroco de la escuela francesa y de cómo ha sido uno de los protagonistas de mi periodo veraniego en lo relacionado con el espectro autista.

En primer lugar, adelantaros que ningún dato en su biografía hace indicar que este autor haya presentado ningún rasgo relacionado con la condición de espectro autista. A grandes rasgos, se habla de él como un "pintor acomodado en lo económico, desabrido en lo personal y reconocido en lo profesional, alcanzando en el culmen de su carrera el nombramiento de pintor de Luis XIII" (si queréis saber más acerca de su figura podéis pinchar aquí o aquí).

Entonces ¿por qué le "enfocan las gafas"? La respuesta la tiene Uta Frith. Hace años leí en su libro "Autismo: hacia una explicación del enigma" (pronto será reseñado en el blog) la explicación que esta autora e investigadora crucial en el entendimiento del autismo tal y como lo conocemos hoy en día, realizaba sobre la lectura de la mente y la ceguera mental, utilizando un cuadro llamado The Cheat with the Ace of Diamonds (El tramposo con el as de diamantes) de un autor llamado Georges de la Tour.

En él, se observa a cuatro personas con lujosos ropajes: una mujer y dos hombres, jugando a las cartas alrededor de una mesa y de pie, detrás del grupo, una criada con una copa de vino en la mano. Pero esta información por sí sola, no transmite todo lo que está sucediendo en el cuadro. Somos capaces de inferir algo más: un suceso tácito que expresan los personajes elocuentemente con sus ojos y manos, pero dicho suceso interno no resulta visible de la misma manera que lo son los personajes y sus acciones.

Sabemos que algún incidente se está produciendo si profundizamos en la información: la mujer del centro y la criada miran de reojo con curiosidad al jugador de la izquierda, que a su vez nos mira a los espectadores. La criada, a la vez, le señala con el índice de la mano derecha. Este jugador, esconde dos ases en la mano izquierda, detrás de la mesa y el resto de cartas las sostiene encima de la misma. A la derecha, hay otro jugador que mira sus cartas, concentrado.

Por lo tanto existe información explícita e información implícita que somos capaces de inferir del cuadro, para extraer toda la información. Los hechos y las inferencias que realizamos se refieren a lo que los personajes saben y creen, sienten y desean.

Nuestra comprensión de la escena se basa en una capacidad de lectura mental, llamada "mentalizaciónpor U. Frith, que las personas adultas normotípicas presentamos y utilizamos con diferente grado de actividad y nos facilita el hecho de predecir relaciones entre los estados externos de las cosas y los estados mentales internos. Esta capacidad hace que extraigamos una serie de pistas sobre el cuadro: los ases escondidos por uno de los jugadores deberían estar en el mazo, la criada mira de reojo a uno de los jugadores porque sabe que está haciendo trampas al haberle visto los ases escondidos,  la dama del centro mira a la criada extrañada y señala al jugador de la izquierda y por último el jugador de la derecha no levanta los ojos de sus cartas, por lo que el pintor quiere que creamos que no sabe lo que pasa. En resumen, Georges de la Tour ha retratado un incidente en el que se realizan trampas en un juego de cartas.

Este largo proceso mental que hemos descrito mediante el cuadro, lo habitual es hacerlo inconscientemente y de forma automática, en cambio, analizar el lienzo en términos de composición de sombras o colores o de técnica, es una tarea difícil que nos requiere práctica.

Sin embargo, no para todas las personas es así. Frith, cita a A.C. una joven con autismo a la que pidió que le hablara sobre el cuadro y el pasaje del libro relacionado con el mismo sobre el que estoy escribiendo. A.C. le respondió por correo electrónico  contando que tras mirar el cuadro una hora y descifrar los pigmentos que el autor había utilizado, la calidad de la pincelada, el desarrollo de la subeconomía de los artistas en aquella época o el realismo y habilidad del artista, se puso a leer el libro y...

 "me dije ¿qué demonios es esto? Era todo un culebrón de lo que se supone que una persona normal capta en primer lugar: que si éste hace trampas, que si aquélla lo sabe, que si el otro no, etc. ¡una locura!"

Esta respuesta genial, nos debe llevar a recordar siempre que las personas con autismo tienen una forma diferente de procesar e interpretar la información, más centrada en lo físico que en lo social, pero no mejor ni peor que las personas normotípicas, simplemente diferente. Sus dificultades para la "mentalización" también van acompañadas de sus fortalezas en el análisis de lo "físico". Por lo tanto, debemos intentar mejorar sus capacidades mentalistas, para que comprendan mejor determinadas situaciones sociales, a la vez que intentaremos poner en valor su forma "física" y al detalle de procesar la información, por ejemplo buscando oportunidades profesionales en las que se valoren dichas capacidades de las personas con TEA. Un ejemplo de este enfoque nos lo propone Specialisterne (pincha aquí). 

Y os preguntaréis qué relación tiene este artículo con las vacaciones citadas en su título... La respuesta está en la National Gallery de Londres, mi destino vacacional de este año, y la emoción que sentí al encontrarlo (era un préstamo entre museos), tras haberlo visto impreso tantas veces en la página de un libro.

Os dejo con The Cheat with the Ace of Diamonds.